El Pernales: el último bandolero cayó aquí
Nació en Estepa, robó por Sevilla, Córdoba, Málaga y Jaén, y llegó a ser el hombre más buscado de España. Murió a las afueras de un pueblo de la provincia de Albacete, en un paraje llamado Las Morricas, el 31 de agosto de 1907. Tenía veintiocho años. Lo enterraron en Alcaraz y allí sigue.
Juanito, hoy quiero que me cuentes lo del Pernales, que en Villaverde no se habla de otra cosa cuando llega agosto.
Es que en Villaverde de Guadalimar tienen motivo. Allí se acabó una época entera de la historia de España. Y casi nadie fuera de la provincia lo sabe.
Empieza por el principio. ¿Quién era?
Francisco de Paula José Ríos González. Nació en Estepa, provincia de Sevilla, el 23 de julio de 1879, y lo bautizaron en la iglesia de Santa María.
Andaluz, entonces. No de aquí.
No de aquí. A cuatrocientos cincuenta kilómetros de aquí. Aquí solo vino a morirse.
¿Y el nombre, de dónde sale? Pernales suena raro.
De pedernales. La piedra dura con la que se sacaban chispas para prender fuego. Al principio le llamaban Pedernales, por el carácter, y el pueblo lo fue acortando.
Le pusieron nombre de piedra.
Nombre de piedra. Y no era un mote cariñoso.
Cuéntame de qué familia venía.
De una muy pobre. No recibió instrucción ninguna, como casi ningún campesino andaluz de entonces. Con diez años trabajaba de cabrero con su padre. Sin trabajo y con hambre, padre e hijo robaron en los campos vecinos.
Y de ahí ya no se sale.
De ahí no se salía. En uno de aquellos encuentros con la Guardia Civil, el padre recibió un culatazo y murió poco después. A partir de ese momento el chaval no conoció otro oficio.
Ahí ya tienes media leyenda montada.
Media leyenda y medio expediente. Y aquí, Llanos, tengo que pararme, porque esto hay que decirlo bien.
Dilo.
Hay dos Pernales. Está el de las coplas, el bandido generoso que robaba a los ricos y repartía entre los pobres, el que sacaba de quicio a los señoritos. Y está el de los papeles, que es otra cosa: robos, secuestros, un asesinato reconocido, crueldad documentada. El Museo del Bandolero lo llama uno de los más sanguinarios de la historia.
Y tú, ¿con cuál te quedas?
Con los dos, porque los dos existieron. Uno pasó y el otro se cantó. Si te cuento solo el de la copla te miento; si te cuento solo el del sumario, no te explico por qué cien años después sigue habiendo flores frescas en su tumba.
Eso es verdad. Yo las he visto.
Todo el mundo las ha visto. Flores del monte, montaraces, sin arreglar. Nadie sabe quién las pone.
Bueno, vamos a 1907. ¿Cómo acaba en la sierra de Alcaraz un bandolero andaluz?
Huyendo. En 1907 era el delincuente más buscado de España. Sus robos habían provocado una campaña de la prensa y de la oposición contra el Gobierno, y se llegaron a emplear dos mil guardias para atraparlo.
Dos mil guardias por un hombre.
Por un hombre. Su partida quedó desmantelada en Alcolea, en Córdoba, y solo le quedó un compañero: Antonio Jiménez Rodríguez, «El Niño del Arahal», que tenía veintiséis años y no quiso separarse de él.
¿Y hacia dónde iban?
Hacia Valencia. Allí lo esperaba Concepción Fernández Pino, «Conchilla la del Pernales», con la que acababa de tener una hija. El plan era embarcar hacia América y desaparecer.
Empezar de cero al otro lado.
Ese era el plan. Y el camino a Valencia pasaba por nuestra sierra. Por eso murió aquí: la provincia de Albacete no fue su destino, fue su atajo.
Cuéntame el día.
31 de agosto de 1907, por la mañana. Un guarda forestal se los cruza cerca de Villaverde de Guadalimar. Le extraña la cantidad de armas que llevaban y va a dar parte al cuartel.
Un guarda. No un operativo de dos mil hombres.
Un guarda que pasaba por allí. Dos mil guardias buscándolo por Andalucía y lo delata la casualidad en un puerto de monte de Albacete.
Qué manera de terminar.
La Guardia Civil sale al mando del segundo teniente Juan Haro López, jefe de la línea de Alcaraz, con el cabo Calixto Villaescusa Hidalgo y los guardias Segovia, Redondo y Codina. Los sorprenden en un paraje llamado Las Morricas y los abaten a tiros. Los dos.
Veintiocho y veintiséis años.
Veintiocho y veintiséis. Y en el bolsillo, el Pernales llevaba una carta para su madre contándole que acababa de tener otro hijo.
Por Dios, Juanito.
Ahí tienes la historia entera en un papel doblado.
Y luego, ¿qué hicieron con ellos?
Lo que se hacía entonces. Bajaron los cuerpos, y por orden del gobernador los expusieron al público en Alcaraz, en el patio del antiguo convento de Santo Domingo.
Expuestos. Para que se vieran.
Para que se vieran. Un aviso. Los enterraron el 3 de septiembre de 1907 en el cementerio municipal de Alcaraz, y ahí siguen los dos.
Y el pueblo hizo lo contrario de lo que pretendía el gobernador.
Exactamente lo contrario. El gobernador quiso enseñar un cadáver y lo que enseñó fue un mártir. Desde ese día empezaron las coplas de ciego, y las coplas viajan más que los sumarios.
Yo me sé una. Aquella de que el Pernales en toda su vida no ha matado a ningún hombre.
Esa misma. Y es falsa, Llanos. Pero llevas cantándola desde niña, y de eso va todo esto.
Ya. ¿Y en Villaverde queda algo?
Queda la Cruz del Pernales, que señala el sitio, y un monolito que cuenta lo que pasó. Puedes ir andando. Y en Alcaraz está la tumba.
Con las flores.
Con las flores. Ciento y pico años después, un bandolero andaluz al que mataron de paso en un monte de Albacete, y todavía hay quien le lleva un ramo.
Nosotros contamos esto porque pasó aquí.
Lo contamos porque pasó aquí y porque suele contarse mal. En los libros de bandolerismo, Albacete casi no aparece: la historia se cuenta en Ronda, en Sevilla, en Córdoba. Pero el punto final se puso en un cerro de esta provincia, un sábado de agosto, a las nueve de la mañana.
Los tres lugares de esta historia
De Estepa a Las Morricas, paso a paso
Nace en Estepa (Sevilla) el 23 de julio Francisco de Paula José Ríos González, bautizado en la iglesia de Santa María. Familia campesina muy pobre; no recibe instrucción alguna.
Con diez años trabaja de cabrero con su padre. Sin trabajo y con hambre, ambos cometen robos en los campos vecinos y tienen varios encuentros con la Guardia Civil. En uno de ellos el padre recibe un culatazo que le causa la muerte poco después.
Al principio le llaman «Pedernales», por la piedra dura de sílice con la que se sacaban chispas, como símil de su carácter. El apodo se acorta con el uso hasta quedar en «Pernales».
Actúa con Antonio López Martín «el Niño de la Gloria», Juan Muñoz «el Canuto» y Antonio Sánchez «el Reverte», asaltando cortijos y a gente con dinero por Sevilla, Córdoba, Málaga y Jaén. Su fama se extiende por toda Andalucía y llega a Madrid.
Es el delincuente más buscado de España. La presión de la prensa y de la oposición sobre el Gobierno se traduce en una persecución con dos mil guardias. Su partida queda desmantelada en Alcolea (Córdoba) y solo le acompaña Antonio Jiménez Rodríguez, «El Niño del Arahal», de 26 años.
Decide marchar a Valencia, donde le espera Concepción Fernández Pino, «Conchilla la del Pernales», con la que acaba de tener una hija. El propósito es embarcar hacia América. El camino pasa por la sierra del sur de la provincia de Albacete.
Se les ve por el Puerto de los Aceiteros, a cuatro kilómetros de Las Navas de San Juan (Jaén).
Por la mañana, un guarda forestal los identifica cerca de Villaverde de Guadalimar: le resulta sospechosa la cantidad de armas que portan y avisa al cuartel. La fuerza de la Guardia Civil, al mando del segundo teniente Juan Haro López, jefe de la línea de Alcaraz, con el cabo Calixto Villaescusa Hidalgo y los guardias Andrés Segovia Cuartero, Redondo y Codina, los sorprende en el paraje de Las Morricas y los abate a tiros. Tenían 28 y 26 años.
En el bolsillo del Pernales aparece una carta en la que comunicaba a su madre que acababa de tener otro hijo.
Los cuerpos se trasladan y, por petición del gobernador, se exponen al público en el patio del antiguo convento de Santo Domingo de Alcaraz.
Ambos son inhumados en el cementerio municipal de Alcaraz, donde siguen. En su tumba nunca falta un ramo de flores frescas, montaraces y sin arreglar.
El diario ABC publica el 6 de septiembre el «relato oficial completo» de la caza, firmado por el propio teniente Haro López. Las coplas de ciego difunden por España la versión del bandido generoso. En Villaverde de Guadalimar, la Cruz del Pernales y un monolito señalan hoy el lugar.
Para quien quiera comprobarlo todo
- Nacimiento: Francisco Ríos González, llamado «el Pernales» (Estepa, provincia de Sevilla, 23 de julio de 1879 – Villaverde de Guadalimar, provincia de Albacete, 31 de agosto de 1907), fue un bandolero español que actuó en Andalucía. Fue bautizado en la iglesia de Santa María con el nombre de Francisco de Paula José Ríos González. Wikipedia, «El Pernales».
- Infancia: como la mayoría de los campesinos andaluces de entonces, no recibió instrucción alguna; con diez años trabajaba de cabrero con su padre y, sin trabajo y con hambre, cometieron robos en los campos vecinos. En un encuentro con la Guardia Civil el padre recibió un culatazo que poco después le causaría la muerte. Wikipedia y Blog del Museo del Bandolero.
- El apodo: proviene de la palabra «pedernales», piedra dura de sílice usada como símil de los duros sentimientos del bandido. Al principio se le llamaba «Pedernales» y con el tiempo el apodo se acortó. Museo del Bandolero (El Borge, Málaga) y Kiddle.
- Los compañeros: empezó con Antonio López Martín «el Niño de la Gloria» y Juan Muñoz «el Canuto», a los que se unió después Antonio Sánchez «el Reverte»; juntos asaltaban cortijos y a personas con dinero, y su fama se extendió por Andalucía hasta llegar a Madrid. Kiddle y Albacete Guía.
- La persecución: era a principios del siglo XX el delincuente más buscado por las autoridades españolas; sus robos habían provocado una intensa campaña de críticas contra el Gobierno por parte de la prensa y la oposición, y se habla de que se emplearon dos mil guardias para intentar su captura. El Digital de Albacete, «Pernales, la muerte de este famoso bandolero en Albacete» (31 de agosto de 2024), con testimonio de Antonio Matea.
- El plan de fuga: decidió partir a Valencia, donde se había citado con su amante, Concha Fernández Pino, «Conchilla la del Pernales», con la que recientemente había tenido una hija; su propósito era huir con ella a América. El Digital de Albacete.
- El aviso: un guarda forestal los identificó cerca de Villaverde de Guadalimar y comunicó el hecho a la Benemérita; le parecieron sospechosos por la cantidad de armas que portaban. Ayuntamiento de Villaverde de Guadalimar, sección «El Pernales»; y Fotos de Albacete.
- La muerte: el 31 de agosto de 1907 murieron en el paraje conocido como Las Morricas, en el término municipal de Villaverde de Guadalimar, Francisco Ríos González y su compañero Antonio Jiménez Rodríguez, «El Niño del Arahal». Tenían 28 y 26 años respectivamente. El Digital de Albacete, Albacete Guía y el blog de Antonio Cuevas.
- Quién mandaba la fuerza: la Guardia Civil actuó al mando del segundo teniente Juan Haro López, jefe de la línea de Alcaraz, con el cabo Calixto Villaescusa Hidalgo y el guardia Andrés Segovia Cuartero entre otros; el Ayuntamiento de Villaverde cita también a los guardias Redondo y Codina. El diario ABC publicó el viernes 6 de septiembre el «relato oficial completo» de la caza, escrito por el propio teniente Haro López.
- La carta: en el bolsillo del Pernales se encontró una carta en la que comunicaba a su madre que acababa de tener un hijo más. Ayuntamiento de Villaverde de Guadalimar.
- La exposición de los cuerpos: sus cadáveres fueron trasladados y expuestos al público en el patio del ex-convento de Santo Domingo de Alcaraz, a petición del gobernador. Blog de Antonio Cuevas, «La cruz del Pernales»; y Albacete Guía.
- El entierro: fueron inhumados el 3 de septiembre de 1907 en el cementerio municipal de Alcaraz. Fotos de Albacete, «El Pernales – toda la verdad».
- Las flores: «aún hoy, en pleno siglo XXI, en su tumba del cementerio de Alcaraz nunca falta un ramo de flores frescas, montaraces y asilvestradas». Ayuntamiento de Villaverde de Guadalimar.
- Las dos versiones: la literatura popular lo convirtió en leyenda y su imagen «fue suavizada a la postre por un romanticismo ávido de mostrar a los bandidos como almas libres que luchaban por la justicia»; frente a ello, el Museo del Bandolero lo describe como «uno de los bandoleros más sanguinarios de la historia». Periodista Digital y Museo del Bandolero. La copla popular «Pernales en toa su vida no ha matao a ningún hombre y el dinero que robaba lo repartía entre los pobres» se recoge en Albacete Guía.
- Estudio académico: «Francisco Ríos González, El Pernales, en la historia y en la leyenda», de Florentino Hernández Girbal, publicado en la revista de tradiciones populares Zahora y accesible en el archivo de la Diputación de Albacete.
- El monumento: la Cruz del Pernales recuerda el suceso en Villaverde de Guadalimar, junto a un monolito con la narración de su vida y de su muerte. Blog de Antonio Cuevas.